El respeto… Se enseña o se gana?


Quizás por ser aún más joven que quienes dirigen y controlan la sociedad y el país actuales, no recuerdo un momento político en que la educación estuviese en boca de tantos, y saliese además tan mal parada.

Yo llevo alejado unos años de las aulas, más de una década si nos limitamos a las aulas de la educación más nombrada estos días, la que ocurre antes de la universidad o la formación profesional superior, que como cada vez que pienso en ello ha cambiado de nombre, lo dejaremos así, que se me entiende a la perfección. No tengo por tanto mucha idea sobre las causas de la generalización del fracaso escolar a los niños de las clases sociales que antes no lo sufrían, aunque tengo la sensación de que aligerar la edad a la que los niños pasan al instituto y están más cerca por tanto de “los mayores”, podría haber influido.  Pero es sólo una sensación.

Lo que es un hecho es que hay actividades que necesitan requisitos ambientales claros para llevarse a cabo. Pienso que una razón del aparente “asilvestramiento” de los jóvenes escolares actuales, reside en la falta de una condición externa, necesaria y realmente no demasiado difícil de conseguir con un poco de esfuerzo.

¿Cuál es, en mi opinión, esa condición que no se esta viendo? …  El respeto.

Y no me refiero al respeto reverencial hacia los profesores o las personas “adultas” en general.

La educación no es, pese al ejercicio de dejadez que todos dicen que han hecho los padres, algo que ocurra sólo en la escuela, y por tanto, estará “contaminada” del ruido y la luz espúreos que el resto de la vida en sociedad de los chavales arroje sobre su proceso de educación y formación.

Vivimos en una sociedad con unas cotas de respeto sumamente bajas, en mi opinión. Cuando estaba en la escuela se nos hacía hincapié en lo educados que tenían que ser sus hablantes a la hora de saludar, por ejemplo. Y no estoy diciendo que  un solo un “usted”, simplemente que el español que usamos es una muestra leve de la diferencia de respeto ante los demás que mostramos los venezolanos. Otra es nuestra forma de hablar, tan majadera, tan gritona y tan, sí, irrespetuosa hacia el que tenemos enfrente o al lado. Pero esto son nimiedades.

¿Qué respeto va a adquirir de la sociedad un niño que ve que tantos hombres no respetan a las mujeres de su vida, hasta el punto de matarlas?¿O que ve que tanta gente abandona a sus criaturas recién nacidas?¿O que tantas jóvenes, y niñas incluso, resultan violadas? ¿O que los mayores, quizás sus propios abuelos, son ignorados, cuando no maltratados? Son todos ejemplos de una flagrante falta de respeto por la vida del otro.

Pero avancemos, porque eso es sólo la base del clima social que va recibiendo un niño, lo sepa o no, lo quieran o no sus padres, a lo largo de su infancia. ¿Qué respeto va a querer sentir por nadie si la televisión que ve, a horas que a mí,, bastante liberal, me parecerían insanas en aquella parte de mi propia infancia, le muestra en todos los programas a gente gritándose e insultándose, llegando incluso a las manos? Si hay que imitar a los adultos,  más aún a los que salen en televisión, ¿no? Que para algo son famosos.

Pero es que además, y llegamos con esto a una edad crítica, donde se va formando el espíritu político de la persona, el joven se encuentra lleno de impulsos, no todos biológicos, que le empujan contra la realidad y la autoridad establecida. Un “establishment”, que por muy digno y respetuoso hacia el joven que sea, no deja de poder percibirse como una imposición. Una pared desde la que te gritan que les respetes personajes e instituciones que no se caracterizan por mostrar respeto ni por las normas ni por los rivales.

¿Qué respeto va a querer mostrar un joven que sabe que lo que diga, por muy verdad que sea, vale menos que lo que diga un policía, un juez o, ahora en algunas autonomías, un maestro, aunque no estén relacionados con él? Sabe que a los 18 va a ser vomitado a una sociedad donde la palabra de unos vale más que la de otros, más que la suya en concreto.

Y el respeto se lo van a exigir, a gritos, la casta profesional que más grita y que menos respeto muestra en tantas ocasiones, los políticos. La política que ahora quiere que haya más disciplina en las aulas por ley legislaturas aprovechándose de la mayor muestra de falta de respeto a las reglas del sistema político que tenemos -otra cosa es que sea o no el mejor-, y no se caracteriza siempre por la mesura y el tono agradable en sus discursos.

Estamos en una sociedad donde la del maestro es la última figura a la que se le muestra algo de reverencia. Todas las demás son objeto de burla legal de alguna u otra forma. Nosotros mismos, y los propios niños hacia sus compañeros y hacia sí mismos, nos mostramos bien poco respeto, nos otorgamos bien poca importancia desde gestos tan nimios como caer en la comida basura o tan sublimemente horribles como una discusión violenta delante de nuestros hijos.

La falta de respeto hacia el otro, la ignorancia de que la vida del otro es sagrada, o debería sérnoslo, es el ruido que estropea la mejor escena, la luz que vela la mejor fotografía, que es la educación de nuestros jóvenes. Y la fotografía se puede volver a realizar, la escena se puede volver a rodar, pero no hay vuelta a la infancia para el joven que acaba agrediendo y delinquiendo.

Pero es sólo una sensación.!!!

3 comentarios en “El respeto… Se enseña o se gana?

  1. Yo opino que el respeto no es igual que la admiración,y en la falta de respeto es la falta de quererse ,de valorarse,y de razonar.

    Por lo primero es que el respeto ,no se impone se ofrece,cuando se impone no es tal,es como la paz ,la paz no se puede imponer por la fuerza, pues el respeto es igual,por que sino es un maquillaje de la represión.

    Las person

    Las personas que siempre he escuch

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