FANTASÍAS SEXUALES QUE SE TRANSFORMARON EN FIASCO


Mujeres amantes del sexo y con tanta curiosidad como para llevar a cabo sus sueños eróticos más secretos. ¿El problema? Es que algunas de esas fantasías pueden terminar en fracasos no muy simpáticos de recordar.

Siempre te he dicho que es importante que pruebes, que desarrolles tu curiosidad, que te informes y que hagas lo que sientas que debes hacer, que dejes de lado tus vergüenzas y des rienda suelta a tus fantasías más ocultas. El tema es que, a veces, es importante averiguar un poco más acerca de ellas, para que no pasemos malos ratos innecesariamente.

El famoso trío

“Mi marido siempre me lo planteaba como su mayor fantasía y desde novios buscaba la manera de que yo aceptara. Hasta que un día invitó a una compañera de la oficina a comer a la casa, con la que estaba a cargo de un proyecto publicitario importante. Entre comida y traguitos empezamos a hablar de más y terminó siendo invitada a hacer un trío con nosotros. Yo parece que había tomado más de la cuenta y acepté sin prejuicios, pero a medida que pasaba la noche y la veía metida con mi marido, me sentí pésimo. Los celos no me dejaron disfrutar nada y no soportaba ver a esa mujer encima de mi marido y él con cara de excitación máxima. Terminé llorando a mares en el baño y con problemas matrimoniales por meses”, cuenta María José.

¡Átame!
“Creí que era súper sexy tener sexo atada a la cama y le pedí a mi Novio que lo hiciera. Me ató tan fuerte a la cama que al rato me estaban doliendo tanto las muñecas que no daba más. Le pedía casi a gritos que me desatara, pero él sonreía creyendo que era parte del show que habíamos montado. Tuve que gritar con desesperación para que lo hiciera y quedé con las manos moradas y feas”, dice Valeria.

Kamasutra
“Queríamos hacer esas posiciones que salen en el Kamasutra y terminamos tirados en el suelo con calambres en los glúteos o pantorrillas y sin haber logrado siquiera parecernos un poco a la figura. Con decir que ni pude ser penetrada. Imposible de hacer”, afirma Sonia.

Dominatrix
“Me quise hacer la “sexi” un día y compré un traje de cuero con un látigo y todo! Me vestí y lo esperé en casa. Él llegó y de sólo verme quedó loco. Pero no quiso ser ‘sometido’ sino que quería atarme a mí. Terminé atada hasta en los pies y con este imbécil pegándome en la cola con el látigo. ¡Me dolió tanto y me sentí tan humillada que lloré hasta que me soltó. Después de eso boté el famoso disfraz”, recuerda Soledad.

En el agua
“Las películas mienten. Siempre salen felices teniendo sexo en el agua y cuando nosotros quisimos probar casi morimos de dolor. Llegué a gritar del dolor cuando entró y su pene quedó absolutamente irritado. No sé qué habrán pensado de nosotros los de la pieza de al lado del motel, pero desde ese día no se lo recomiendo a nadie”, afirma Carola.

Cambio de pareja
“Fuimos con mi novio a un bar de intercambio de pareja para ver si éramos capaces de ser liberales. Pero se me acercó un viejo con cara de degenerado medio guatón y maloliente, que en menos de media hora estábamos fuera del local muertos de la risa por la breve experiencia”, concluye Cecilia.

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