Salir del Armario


“Salir del armario” es una de las frases o conceptos más utilizados en los últimos tiempos cuando hablamos de homosexualidad en general, y más concretamente de mostrarse al mundo como lo que es un : homosexual.

De hecho, esta frase implica muchas más cosas de las que en apariencia nos podría sugerir. No sólo significa y define a aquellas personas que mantienen en secreto su opción sexual, sino que da a entender la reclusión y la soledad que muchas de estas personas viven, tanto a nivel conductual como emocional. Todo ello debido a unas circunstancias sociales que no han sido nunca, o al menos aún no del todo, lo suficientemente adecuadas y que, generalmente, han mostrado de forma más o menos clara la hostilidad contra las personas homosexuales.

La sexualidad puede vivirse como una cuestión personal, íntima y privada. De hecho, no hace falta hacer un manifiesto para saber que somos entes sexuales, pero sí hay que manifestarse cuando declarar, mostrarse o comportarse como tales se convierte en algo a través de lo cual ser atacados o cuestionados. Por todo ello, “salir del armario” deja de ser un concepto sexual, ya que la sexualidad implica una libertad personal entendida, entre otras cosas, como la capacidad para elegir.

“Salir del armario” representa además un propio proceso de autodescubrimiento, de autoaceptación, y cómo no, de mostrar al mundo que todos podemos y debemos ser iguales.

Salir del armario a familiares y amigos es probablemente una de las decisiones más importantes en la vida de todo gay. Con respecto a ello se pueden dar dos noticias: una buena y una mala. La buena es que PUEDE HACERSE y que es menos traumático de lo que los gays se imaginan y han hecho imaginar. No conozco (aún) a nadie que haya salido del armario y que haya tenido una experiencia peliculera (con llantos, gritos, expulsiones del hogar, o las peores pesadillas que se puedan tener).

La mala noticia es que es un proceso que no tiene fin. La orientación sexual deja de ser algo importante cuando se puede dejar de hablar de ella. El peor trago para todos los homosexuales es la familia, pero no es el único. Toda la vida se tiene que estar ‘saliendo del armario’ a la gente que consideren importante en sus vidas.

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